martes, 22 de marzo de 2016

ORACIÓN PARA PEDIR POR NUESTROS HIJOS



Señor , tu que eres todo Amor y el todo Poderoso, el verdadero padre de mis hijos.

Son tuyos porque  me los has dado y protegido; Tú eres el que ha infundido en ellos el alma y la vida.
Hoy y siempre te los ofrezco  en compañía de mi,

Bendícelos Señor, mientras yo en tu nombre los bendigo.

Me entrego en todos los aspectos de todo corazón a todos los mandatos de tu paternal providencia respecto de mí y de ellos.

Contando señor, por supuesto, con tu palabra, quiero para ellos y para mí, primeramente tu Reino y tu Justicia, dejándonos el cuidado de darnos, por complemento, lo que te plazca;




Pero si me atreviese a determinar algo para su vida temporal, te suplicaría no les des ni riqueza ni pobreza, concédeles Señor  y Dios mío , la verdadera sabiduría y un corazón dócil,  imprime en sus almas el horror al pecado, Aléjalos del Mal , presérvalos del contagio del mundo, formalos según los  preceptos de nuestro Santo Evangelio; dales Señor la sencillez y sinceridad a nuestros hijos y llénalos de nuestro amor.
¡Oh, Padre Supremo, que me los has confiado como un depósito sagrado, del que habré darte rigurosa cuenta!

Dígnate regular y dirigir mi afecto hacia ellos y ayúdame a inspirarles  constantemente tu Santo temor y amor, a fin de que sean admitidos un día en la morada del Cielo.

Te lo pido por los méritos de tu amado Hijo de Jesús y por la intercesión de su Santísima Madre .

Amén.
           
💛Cony Mtz💛

Carta a mi hijo ateo:




Desde hace varios meses, quizás años, me había estado dando cuenta de tu aversión a las cosas de la Iglesia. No querías ir al templo con nosotros los domingos, mantenías la boca cerrada cuando bendecíamos los alimentos, la palabra Dios parecía ajena de tu vocabulario, demostrabas hostilidad cuando tratábamos de temas religiosos, o eras muy crítico con nuestra iglesia y sus pastores.
Tu declaración ayer de que te considerabas ateo, no me sorprendió. Sí me dejó lastimado pero no causó la sorpresa que pensabas. Por lo que te decía arriba, era algo ya esperado. Por eso no escuchaste reproches, ni gritos, ni siquiera una palabra de condena. El Dios en quien creo habría hecho lo mismo en mi caso.
Ya hace tiempo estaba meditando en qué yo había fallado al transmitirte la fe. No hemos sido una familia perfecta. Reconozco que por momentos descuidamos nuestra vida espiritual, creo que son etapas por las que pasamos todos. Sin embargo, Dios ha estado presente en todos los momentos de nuestras vidas: le dimos las gracias cuando nacieron ustedes mis hijos, le pedimos cuando se enfermaron, los encaminamos al templo desde pequeños, les hicimos conocer un Dios de misericordia, de perdón, de amor.
Entiendo que pude, por momentos, no dar testimonio de mis creencias. Fue más el afán del día, las preocupaciones del trabajo, el mantener a la familia. Pero sé que Él me sostenía, que, aunque yo no lo recordaba, Él sí se acordaba de mí.
Es cierto que a Dios no lo vemos, que no entendemos cómo permite el sufrimiento, el dolor y la muerte en las personas que consideramos “buenas”, que a veces parece lejano, muy callado, envuelto en un manto de silencio que nos angustia, que ha dejado una Palabra que no es fácil de interpretar, que por más que lo tratamos de entender, sigue siendo para muchos indescifrable, indescriptible, indefinible.
Todas esas preguntas no te las puedo responder. Algunas yo también me las hago. Sin embargo, quiero que sepas que, aunque no quieras creer en Él, Él sí cree en ti; aunque no le ames, Él te ama entrañablemente; aunque no le entiendas, Él sí te comprende; aunque tú le rechaces, Él te acepta tal como eres y quiere verte feliz y no sólo feliz sino verte santo, íntegro, en armonía contigo mismo, con los demás y el mundo que te rodea.
Cuenta con mi compañía en tu discernimiento. Hoy me siento invitado a orar doblemente: le oraré por ti y por mí, le alabaré por las veces que tú no lo hagas, le pediré lo que creo que necesites y no le pidas, le bendeciré por las veces que la palabra Dios no salga de tu boca. Sé que en lo más profundo de tu corazón allí está Él. Le pediré que se te haga el encontradizo, que se te revele y te muestre su amor y su misericordia.



❤Cony Mtz❤

                                        
                    

La alegría del perdon,


   
Señor Jesús, quiero que me perdones por tantas veces en que pensé que Tú tenías la culpa de todo lo que me pasaba. No podía comprender que Tú no me quisieras como a los otros, que son más bellos e inteligentes que yo. Te echaba la culpa de todos mis defectos físicos y decía que Tú tenías la culpa de que yo hubiera nacido así. También pensaba que Tú eras el culpable de mis enfermedades y de mis fracasos, y me decía: ¿Por qué a mí? ¿Por qué? ¿Acaso Dios no me quiere? ¿Acaso me castiga? Perdóname, Señor, por haberte guardado rencor en mi corazón. Perdóname por todos los errores que cometí y por los que creí que merecía tu castigo sin misericordia. Perdón, Señor. Perdón, porque me rebelaba contra ti y me llenaba de ira por dentro por ser muy gordo (o flaco), por ser muy alto (o muy pequeño), por no ser atlético como mis compañeros ni tan inteligente como algunos de ellos, a quienes tenía envidia. Perdóname, porque me daba lástima de mí mismo y porque te echaba la culpa, como si todo fuera castigo divino.
Te pido perdón por tantas mentiras y engaños, por robar algunas veces, por ser un problema para mis padres y profesores; por haber sido flojo en mis trabajos y estudios. Por insultar a otros y no respetarlos. Por todas las faltas de caridad y comprensión con los demás. Por rechazar a mis padres y no obedecerlos, por provocar peleas en mi casa y crear división entre mis hermanos. Por guardar rencor y envidia en mi corazón.
Señor, perdóname por haber visto malas películas o revistas, por mis pensamientos impuros, por mi conducta deshonesta, por las relaciones sexuales fuera del matrimonio, por los abortos. Señor, libérame de mis complejos de culpabilidad y de todos los traumas que, por mi culpa, estoy padeciendo. También te pido perdón por haber participado en espiritismo, brujería, adivinación, juego de la ouija, sectas…, y por todo lo que haya permitido que el maligno influyera en mí o en otros. Perdóname, Señor.
Yo perdono a mis hermanos, por haberme avergonzado, por gritarme injustamente, por no haberme amado como debían y haberme marginado. Perdono a mis amigos por las veces que me golpearon o me ridiculizaron o me rechazaron sin comprenderme. Yo los perdono, Señor.
También perdono a quienes me han hecho daño con relaciones sexuales o a quienes me han dado mal ejemplo de homosexualidad o de conducta deshonesta. Perdono a mis padres por las veces que no me mostraron su cariño y prefirieron a mis hermanos. Los perdono por haberme mentido, por los castigos injustos y por las palabras hirientes y ofensivas que me dijeron. Por haberme dicho que no me habían deseado, por haberme dado mal ejemplo con su infidelidad y por toda la violencia que tuve que sufrir en casa.
Perdono a todos los familiares que me ofendieron con su manera de ser y con su conducta inapropiada. Por sus malos consejos o por llevarme a lugares indebidos para mi edad. Los perdono por el mal ejemplo que me dieron con sus borracheras o uso de drogas, por fumar en exceso o comer exageradamente, o por divorciarse y abandonar a sus familias.
Señor, ayúdame a perdonar a todos mis familiares y antepasados que, de alguna manera, hayan podido estar involucrados en espiritismo, ocultismo o satanismo, y me hayan podido transmitir algunos sentimientos negativos.
También perdono a los conductores de autobús que me ofendieron con sus palabras o acciones; a mis profesores por no comprenderme y ridiculizarme ante mis compañeros. Perdono a los sacerdotes que, en alguna oportunidad, me han dado mal ejemplo o me han tratado duramente; por no saber apoyarme en mis momentos difíciles y por no alentarme en el buen camino; por su falta de entusiasmo al trasmitirme la fe y por no haberme tratado con el respeto que merecía. También los perdono por los sermones aburridos y por las misas celebradas con poco fervor. Y les pido perdón por haber pensado mal de ellos sin motivo. Perdono a los policías que me trataron con violencia y los médicos que por negligencia no pusieron mucho empeño en mi salud. Perdono a mis compañeros de trabajo por sus envidias, desprecios e incomprensiones. Igualmente, perdono a todos los que me insultaron o me hicieron sufrir.
También perdono a todos mis enemigos, a quienes no eran de mi raza y me despreciaron; a quienes eran de distinta religión y me ofendieron. Perdono a todos los que me hicieron daño a propósito para robarme; a todos los que me dijeron mentiras y me dieron malos consejos, y a todos los que hicieron daño a mis familiares. Perdono a quienes actuaron con violencia contra mí o mi familia. Y a quienes me lastimaron, quizás sin querer, por sus palabras, gestos o actitudes de superioridad o de rechazo. A todos los perdono en el Nombre del Señor.
Y tú Señor, perdóname todos mis pecados con los que yo he ofendido a los demás, incluso con los pensamientos y deseos. Límpiame, Señor, de toda mi impureza. Limpia mi corazón, limpia mi alma y limpia mi vida, porque quiero amarte con todo mi corazón. Gracias, Señor, por tu perdón y por tu amor. Amén



Perdónanos,Señor!!!





Señor Dios nuestro: 

Nos consideramos a nosotros mismos
como tu pueblo elegido,
el pueblo que afirma ser tu signo de reconciliación..
¡Oh Dios, qué pobres somos!
Con cuánta frecuencia te fallamos
al perdonar quizás sólo por un acto de condescendencia,
como si hiciéramos un gesto de gran favor
a los que buscan reconciliarse con nosotros.
Señor, enséñanos a perdonar
de la misma manera y con la misma amplitud
con que tú nos perdonas:
totalmente, sin condiciones, 
desde la bondad de nuestros corazones.
Danos esta grandeza de corazón 
por medio de Jesucristo nuestro Señor