Señor, nos estamos volviendo viejos; los jóvenes nos hablan con reverencia y temen que les contemos trasnochadas historias.
A veces no comprendemos nada del mundo de hoy y sentimos el vacío en torno nuestro. Sabemos que tú no eres un
Dios tranquilo, sino el Dios vivo, inagotable siempre en su novedad. Concédenos una vejez tranquila, concédenos comprensión para lo que no comprendemos y concédenos ofrecerte guardar archivo nuestros achaques como quien quiere l
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