Quizás, a veces sienta que se me exige,
demasiado.
En momentos como esos, recuerdo orar. Al hacerlo, siento la fortaleza de Dios que mora en mí.
Nada de lo que se me pida es demasiado difícil, porque soy una montaña de fortaleza, una fuerza poderosa que lleva a cabo la voluntad de Dios.
No me pueden quitar nada que provenga de Dios, tal como la esperanza, el valor y la fe.
Mi poder yace en el amor divino. Sé cuándo ceder, reconozco cuándo la no resistencia es el mejor curso de acción.
Mi camino está pavimentado con fe y amor.
Al orar, me calmo y puedo ver nuevas posibilidades.
Soy una montaña de fortaleza y un río de fe.
¡Tengo valor, soy decidido, sé que hacer!
Tuvo una fe más fuerte. Alabó a Dios, plenamente convencido de que Dios tiene poder para cumplir lo que promete Romanos 4:20. —Romanos 4:20-21
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