En esta tarde, Cristo del Calvario,
vine a r por mi carne enferma;
pero, al verte, mis ojos van y vienen
de tu cuerpo a mi cuerpo con vergüenza.
¿Cómo quejarme de mis pies cansados,
cuando veo los tuyos destrozados?
¿Cómo mostrarte mis manos vacías,
cuando las tuyas están llenas de heridas?
¿Cómo explicarte a ti mi soledad,
cuando en la cruz alzado y solo estás?
¿Cómo explicarte que no tengo amor,
cuando tienes rasgado el corazón?
Ahora ya no me acuerdo de nada,
huyeron de mí todas mis dolencias.
El ímpetu del ruego que traía
se me ahoga en la boca pedigüeña.
Y sólo pido no pedirte nada,
estar aquí, junto a tu imagen muerta,
ir aprendiendo que el dolor es sólo
la llave santa de tu santa puerta.
Amén,
Viernes Santo
Todo el día dedicado al dolor de Cristo,
al amor eterno.
Amor se escribe con sangre:
sangre, amor y dolor de mi Redentor.
Les digo que sus ojos que si quieren llorar,
lloren a mares, que buena falta les hace,
y subidos efectos producen en el alma agradecida.
Cristo besó el suelo podrido de mi alma,
y no sintió náusea.
Yo tengo que besar
Sus llagas benditas
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