miércoles, 23 de mayo de 2012

NO LE PIDAS A DIOS




 
No le pidas a Dios que te de grandes éxitos;
pí­dele pequeños adelantos de virtud.

No le pidas a Dios que aligere el peso de tu vida;
pí­dele que te de fuerzas para llevar el que Él quiera ponerte.

No le pidas a Dios poder demostrar que tienes razón;
pí­dele que te deje entrar siempre en el fondo de la verdad que pueda tener el otro.

No le pidas a Dios que todo el mundo te escuche;
pí­dele guardar silencio para que puedas escuchar a los demás.

No le pidas a Dios tiempo para tus males;
pí­dele capacidad para comprometerte con los males de los otros.

No le pidas a Dios que te cambie de cruz;
pí­dele que seas capaz de adaptarte a la que viene calculada para tu condición, tu talla y tu estatura.

No le pidas a Dios felicidad plena;
pí­dele saber hacer dichosa la vida con lo que tienes a tu alcance.

No le pidas a Dios cumplir con todo lo que te ha mandado;
pí­dele saber ofrecerle algo que nunca te ha pedido.

No le pidas a Dios el hogar más lujoso;
pí­dele el que tengas habilidad de manejar.

No le pidas a Dios dinero en abundancia;
pí­dele lo necesario para garantizar tu salvación.

No le pidas a Dios tanto viento que te sople;
pí­dele una brújula que te oriente.

No le pidas a Dios la magia de la suerte;
pí­dele el merecimiento del trabajo.

No le pidas a Dios muchos dones para lucirte en sociedad;
pí­dele mejor entrar a tu corazón.

No le pidas a Dios concebir muchos proyectos;
pí­dele una buena obra realizada en bien de los demás.

No le pidas a Dios un éxito rotundo;
pí­dele que siempre te deje ver el punto débil de tu pequeñez.

Y a la hora de morir...

No le pidas a Dios lo que te mereces; 
pí­dele su Misericordia y su amor.


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