No le pidas a Dios que te de grandes éxitos; pídele pequeños adelantos de virtud.
No le pidas a Dios que aligere el peso de tu vida; pídele que te de fuerzas para llevar el que Él quiera ponerte.
No le pidas a Dios poder demostrar que tienes razón; pídele que te deje entrar siempre en el fondo de la verdad que pueda tener el otro.
No le pidas a Dios que todo el mundo te escuche; pídele guardar silencio para que puedas escuchar a los demás.
No le pidas a Dios tiempo para tus males; pídele capacidad para comprometerte con los males de los otros.
No le pidas a Dios que te cambie de cruz; pídele que seas capaz de adaptarte a la que viene calculada para tu condición, tu talla y tu estatura.
No le pidas a Dios felicidad plena; pídele saber hacer dichosa la vida con lo que tienes a tu alcance.
No le pidas a Dios cumplir con todo lo que te ha mandado; pídele saber ofrecerle algo que nunca te ha pedido.
No le pidas a Dios el hogar más lujoso; pídele el que tengas habilidad de manejar.
No le pidas a Dios dinero en abundancia; pídele lo necesario para garantizar tu salvación.
No le pidas a Dios tanto viento que te sople; pídele una brújula que te oriente.
No le pidas a Dios la magia de la suerte; pídele el merecimiento del trabajo.
No le pidas a Dios muchos dones para lucirte en sociedad; pídele mejor entrar a tu corazón.
No le pidas a Dios concebir muchos proyectos; pídele una buena obra realizada en bien de los demás.
No le pidas a Dios un éxito rotundo; pídele que siempre te deje ver el punto débil de tu pequeñez.
Y a la hora de morir...
No le pidas a Dios lo que te mereces; pídele su Misericordia y su amor.
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