Qué hermoso despertar, el cielo está despejado y los rayos del sol prodigan un exquisito calor. Hoy se me antoja hacer algo diferente, no sé qué, pero algo que me haga disfrutar al máximo tan maravilloso regalo de Dios, como lo es este día.
Hoy quiero ser mejor que ayer, hoy quiero vivir como si fuese este el último día de mi vida, quiero disfrutarlo, vivirlo intensamente hora a hora, minuto a minuto, segundo a segundo.
Quizás ayer me equivoqué, pero hoy se me presenta la oportunidad de reparar mi falta y luchar por no cometer el mismo error otra vez, quiero ser mejor, quiero ser diferente, quiero vivir.
El mañana no se le esta asegurado a nadie, no sé si pueda estar en él, por eso no me martirizo pensando en lo que pudiera o no pasar en el mañana, y el ayer, ya forma parte de entre los muertos y hay que dejarlo descansar.
Yo quiero disfrutar el momento, el presente, el aquí y el ahora; quiero ser feliz en este instante, quiero sentir que vivo, quiero sentirme útil y entregar mi amor sin reservas a esta maravillosa creación de Dios llamada Humanidad.
Hoy he descubierto que la única manera de lograr que este día sea el más placentero de mi vida, es amando con todas mis fuerzas, con todo mi corazón al responsable de mi existencia, a quien día a día se ha preocupado por prodigarme el sustento, la salud, la paz y el amor.
A ti mi amado Dios, a ti que me has brindado un sin fin de oportunidades para enmendar mis múltiples equivocaciones, a ti que no has visto mis fallas y me has sabido perdonar mis ofensas, a ti que sin importarte mi condición social y mi color de piel, me has amado.
Por eso hoy quiero vivir para ti, hoy quiero ofrecerte mi amor, mi dolor, mi vida misma. Quiero señor y amo mío, que me des fuerzas para poder servirte, que guíes mis pasos para no tropezar.
En tus manos pongo mi vida, mi amado Dios.
Narcizo Chimeo Yesca
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