
- Jesús: Oh alma sumergida en las tinieblas, no te desesperes, todavía no todo está perdido, habla con tu Dios que es el Amor y la Misericordia Misma. Pero, desgraciadamente, el alma permanece sorda ante la llamada de Dios y se sumerge en las tinieblas aún mayores.
- Jesús vuelve a llamar: Alma, escucha la voz de tu Padre misericordioso. En el alma se despierta la respuesta: Para mi ya no hay misericordia. Y cae en las tinieblas aún mas densas, en una especie de desesperación que le da la anticipada sensación del infierno y la hace completamente incapaz de acercarse a Dios.
Jesús habla al alma por tercera vez, pero el alma está sorda y ciega, empieza a afirmarse en la dureza y la desesperación. Entonces empiezan en cierto modo a esforzarse las entrañas de la misericordia de Dios y sin ninguna cooperación de parte del alma, Dios le da su gracia definitiva. Si la desprecia, Dios la deja ya en el estado en que ella quiere permanecer por la eternidad.
Esta gracia sale del Corazón misericordioso de Jesús y alcanza al alma con su luz y el alma empieza a comprender el esfuerzo de Dios, pero la conversión depende dde ella. Ella sabe que esta gracia es la ultima para ella y si muestra un solo destello de buena voluntad aunque sea el mas pequeño, la misericordia de Dios realizará el resto.
-[Jesús]: Aquí actúa la omnipotencia de Mi misericordia, feliz el alma que aproveche esta gracia.
-Jesús: Con cuánta alegria se llena Mi Corazón cuando vuelves a Mi. Te veo muy débil, por lo tanto te tomo en Mis propios brazos y te llevo a casa de Mi Padre.
- El alma como si se despertara: ¿Es posible que haya todavía misericordia para mi? Pregunta llena de temor.
- Jesús: Precisamente tú, niña Mia, tienes el derecho exclusivo a Mi misericordia. Permite a Mi misericordia actuar en ti, en tu pobre alma; deja entrar en tu alma los rayos de la gracia, ellos introducirá luz, calor y vida.
- El alma: Sin embargo me invade el miedo tan sólo al recordar mis pecados y este terrible temor me empuja a dudar en Tu bondad.
- Jesús: Has de saber, oh alma, que todos tus pecados no han herido tan dolorosamente Mi corazón como tu actual desconfianza. Despues de tantos esfuerzos de Mi amor y Mi misericordia no te fias de Mi bondad.
- El alma: Oh Señor, salvame Tu Mismo, porque estoy pereciendo; sé mi Salvador. Oh Señor, no soy capaz de decir otra cosa, mi pobre corazón esta desgarrado, pero Tu, Señor…. Jesús no permite al alma terminar estas palabras, la levante del suelo, del abismo de la miseria y en un solo instante la introduce a la morada de su propio Corazón, y todos los pecados desaparecen ] en un abrir y cerrar de ojos, destruidos por el ardor del amor.
- Jesús: He aquí, oh alma, todos los tesoros de Mi Corazón, toma de él todo lo que necesites.
- El alma: Oh Señor, me siento inundada por Tu gracia, siento que una vida nueva ha entrado en mi y, ante todo, siento Tu amor en mi corazón, eso me basta. Oh Señor, por toda la eternidad glorificaré la omnipotencia de Tu misericordia; animada por Tu bondad. Te expresaré todo el dolor de mi corazón.
- Jesús: Di todo, niña, sin ningun reparo, porque te escucha el Corazón que te ama, el Corazón de tu mejor amigo.
- Oh Señor, ahora veo toda mi ingratitud y Tu bondad. Tú me perseguias con Tu gracia y yo frustraba todos Tus esfuerzos; veo que he merecido el fondo mismo del infierno por haber malgastado Tus gracias.
Jesús interrumpe las palabras del alma y [dice]: No te abismes en tu miseria, eres demasiado debil para hablar; mira mas bien Mi Corazón lleno de bondad, absorbe Mis sentimientos y procura la dulzura y la humildad. Sé misericordiosa con los demas como Yo soy misericordioso contigo y cuando adviertas que tus fuerzas de debilitan, ven a la Fuente de la Misericordia y fortalece tu alma, y no pararás en el camino.
- El alma: Ya ahora comprendo Tu misericordia que me protege como una nube luminosa y me conduce a casa de mi Padre, salvandome del terrible infierno que he merecido no una sino mil veces. Oh Señor, la eternidad no me bastará para glorificar dignamente Tu misericordia insondable, Tu compasión por mi.
1487 + Dialogo de Dios misericordioso con el alma que sufre
- Jesús: Oh alma, te veo tan doliente, veo que ni siquiera tienes fuerzas para hablar Conmigo. Por eso te hablaré sólo Yo, oh Alma. Aunque tus sufrimientos fueran grandísimos, no pierdas la serenidad del espiritu ni te desanimes.
Pero dime, niña Mia, ¿quién se ha atrevido a herir tu corazón? Dimelo todo, dimelo todo, sé sincera al tratar Conmigo, descubre todas las heridas de tu corazón, Yo las curaré y tu sufrimiento se convertirá en la fuente de tu santificación.
- El alma: Tengo tantas cosas variadas que no sé de qué hablar primero ni cómo expresar todo esto.
- Jesús: Háblame simplemente, como se habla entre amigos. Pues bien, niña Mia, ¿qué es lo que te detiene en el camino de la santidad?
- El alma: La falta de salud me detiene en el camino de la santidad, no puedo cumplir mis obligaciones, pues, soy un sufrelotodo. No puedo mortificarme ni hacer ayunos rigurosos como hacian los santos; ademas no creen que estoy enferma y al sufrimiento fisico se une el moral y de ello surgen muchas humillaciones. Ves, Jesús, ¿cómo se puede llegar a ser santa en tales condiciones?
- Jesús: Niña, realmente todo esto es sufrimiento, pero no hay otro camino al cierlo fuera del Via Crucis. Yo Mismo fui el primero en recorrerlo. Has de saber que éste es el camino mas corto y el mas seguro.
-El alma: Señor, otra vez una nueva barrera y dificultad en el camino de la santidad: por ser fiel a Ti me persiguen y me hacen sufrir mucho.
- Jesús: Has de saber que el mundo te odia, porque no eres de este mundo. Primero Me persiguió a Mi, esta persecución es la señal de que sigues Mis huellas con fidelidad.
- El alma: Señor, me desanima tambien que ni las Superioras ni el confesor entienden mis sufrimientos interiores. Las tinieblas han ofuscado mi mente, pues, ¿cómo avanzar? Todo esto medesanima mucho y pienso que las alturas de la santidad no son para mi.
- Jesús: Asi pues, niña Mia, esta vez Me has contado mucho. Yo sé que es un gran sufrimiento el de no ser comprendida y sobre todo por los que amamos y a los cuales manifestamos una gran sinceridad, pero que te baste que Yo te comprendo en todas tus penas y tus miserias. Me agrada tu profunda fe que, a pesar de todo, tienes en Mis representantes, pero debes saber que los hombres no pueden comprender plenamente un alma, porque eso supera sus posibilidades.
Por eso Yo Mismo Me he quedado en la tierra para consolar tu corazón doliente y fortificar tu alma para que no pares en el camino. Dices que unas tinieblas grandes cubren tu mente, pues, ¿por qué en tales momentos no vienes a Mi que soy la luz y en un solo instante puedo infundir en tu alma tanta luz y tanto entendimiento de la santidad que no aprenderás al leer ningun libro ni ningun confesor es capaz de enseñar ni iluminar asi al alma.
Has de saber ademas que por estas tinieblas de las que te quejas, he pasado primero Yo por ti en el Huerto de los Olivos. Mi alma estuvo estrujada por una tristeza mortal y te doy a ti una pequeña parte de estos sufrimientos debido a Mi especial amor a ti y el alto grado de santidad que te destino en el cielo. El alma que sufre es la que mas cerca está de Mi Corazón.
- El alma: Pero una cosa mas, Señor: ¿qué hacer si me desprecian y rechazan los hombres, y especialmente aquellos con quienes tuve derecho de contar y ademas en los momentos de mayor necesidad?
- Jesús: Niña Mia, haz el proposito de no contar nunca con los hombres. Harás muchas cosas si te abandonas totalmente a Mi voluntad y dices: Hágase en mi, oh Dios, no según lo que yo quiera sino según tu voluntad. Has de saber que estas palabras pronunciadas del fondo del corazón, en un solo instante elevan al alma a las cumbres de la santidad. Me complazco especialmente en tal alma, tal alma Me rinde una gran gloria, tal alma llena el cielo con la fragancia de sus virtudes; pero has de saber que la fuerza que tienes dentro de ti para soportar los sufrimientos la debes a la frecuente Santa Comunión; pues ven a menudo a esta fuente de la misericordia y con el recipiente de la confianza recoge cualquier cosa que necesites.
- El alma: Gracias, oh Señor, por Tu bondad inconcebible, por haberte dignado quedarte con nosotros en este destierro donde vives con nosotros como Dios de la misericordia y difundes alrededor de Ti el resplandor de tu compasión y bondad. A la luz de los rayos de Tu misericordia he conocido cuánto me amas.
"La Divina Misericordia en mi alma" (Diario 1487)
Mensajes dictados a Santa Faustina por Nuestro Señor Jesucristo
CONY MTZ
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