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Señor Jesucristo, mi misericordia y mi salvación, te alabo y te doy gracias. Eres la esperanza de mi corazón, la fuerza de mi alma, el auxilio de mi debilidad. Que tu bondad poderosa complete todo lo que mi tibieza y mis limitaciones no pueden hacer. Mi vida, el fin de mi destino es amarte.
¡Oh, dulce Señor!, cambia mi tibieza contigo en un ferviente amor; sé mi sostén. Tengo hambre y sed de Ti; yo te deseo, yo suspiro por Ti, yo anhelo ardientemente por Ti.
Me acuerdo de Ti, y espero tu llegada como mi único consuelo, y ardo en deseos de contemplar la gloria de tu rostro.
Dulce Jesús, ¿cuándo me consolarás? Eres Tú al que yo quiero, al que espero y a quien busco. Ten piedad de mí, muéstrame tu rostro y seré salvo.
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Hazme conocer tu presencia y mi deseo será cumplido. Descúbreme tu gloria y mi alegría será perfecta. Mi alma tiene sed de Ti, fuente de agua viva. ¿Cuándo seré embriagado con la abundancia de tu casa, tras la cual suspiro? ¿Cuándo beberé en el torrente de tu placer, del que tengo sed? No tardarás, porque me amas, y eres mi gloria por los siglos de los siglos.
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