viernes, 18 de mayo de 2012

Oraciones por los pecadores











1.    Oh, Dios de gran misericordia, que te dignaste enviarnos a tu Hijo Unigénito como el mayor testimonio de tu insondable amor y misericordia: Tú no rechazas a los pecadores, sino que también a ellos les has abierto el tesoro de tu infinita misericordia, del que pueden recoger en abundancia tanto la justificación como toda santidad a la que un alma puede llegar.
Padre de gran misericordia, deseo que todos los corazones se dirijan con confianza a tu infinita misericordia. Nadie podrá justificarse ante ti si no va acompañado por la insondable misericordia tuya. Cuando nos reveles el misterio de tu misericordia, la eternidad no bastará para agradecerte por ella debidamente. (SANTA  FAUSTINA KOWALSKA)


2.    Oh Jesús, Verdad eterna, Vida nuestra, te suplico y te mendigo tu misericordia para los pobres pecadores.
Dulcísimo Corazón de mi Señor, lleno de piedad y de misericordia insondable, te suplico por los pobres pecadores.
Oh sacratísimo Corazón, fuente de misericordia de donde brotan rayos de gracias inconcebibles sobre toda la raza humana, te suplico luz para los pobres pecadores.
Oh Jesús, recuerda tu amarga pasión y no permitas que se pierdan las almas redimidas con tu preciosa sangre.
Oh Jesús, cuando considero el alto precio de tu sangre, me alegro en su inmensidad, porque una sola gota habría bastado para salvar a todos los pecadores (...) ¡Oh, qué alegría arde en mi corazón cuando contemplo tu bondad inconcebible, Jesús mío! Deseo traer a todos los pecadores a tus pies para que glorifiquen tu misericordia por los siglos de los siglos. (SANTA  FAUSTINA KOWALSKA)
         
3.    Te suplico, Señor, Dios Padre Celestial, que derrames sobre todas las almas que sufren, sea en el espacio como espíritus errantes, sea entre nosotros como espíritus encarnados, las gracias de tu infinito amor y misericordia.
Ten compasión de nuestras miserias y debilidades. Que tu misericordia se extienda sobre todos los que no han podido resistir a sus malas inclinaciones, y están en un mal camino.
Que tus buenos Espíritus los rodeen, que tu luz resplandezca ante sus ojos, y que vengan arrepentidos a tus pies.
     










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