El agua apaga el fuego,
la limosna perdona los pecados.
Quien con favor responde prepara el porvenir,
el día de su caída encontrarás su apoyo.
Hijo no prives al pobre del sustento,
ni dejes en suspenso los ojos suplicantes.
No entristezcas al que tiene hambre,
no exasperes al hombre en su indigencia.
No te ensañes con el corazón exasperado
no hagas esperar la dádiva al mendigo.
No rechaces al suplicante atribulado,
ni apartes tu rostro del pobre.
No apartes del mendigo tus ojos,
ni des a nadie ocasión de maldecirte.
Pues si te maldice en la amargura de su alma,
su Hacedor escuchará su imprecación.
Hazte querer de la asamblea
ante un grande baja tu cabeza.
Inclina al pobre tus oídos,
responde a su saludo de paz con dulzura.
Arranca al oprimido de manos del opresor,
y a la hora de juzgar no seas pusilánime.
Sé para los huérfanos un padre,
haz con su madre lo que hizo su marido.
Y serás como un hijo del Altísimo;
él te amará más que tu madre.
Eclesiástico 4
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