Anoche, soñando,
he visto a Dios llorando
jamás lo olvidaré.
Y ahora que estoy despierto,
aún me parece cierto,
yo quiero contarle, al mundo,
lo que soñé
y al preguntar por qué lloraba me contestó el Señor que por nosotros se apenaba, porque ya no seguimos sus santos mandamientosy nuestros pensamientos se apartan de su amor.
Me habló, con triste voz, de tanto niño abandonado,
me dijo con dolor
de tanto pueblo destrozado.
Por qué si lo queremos, y de Él necesitamos, por qué no terminamos de hacer llorar a Dios
Cuando tu haces la comida en casa, se las estás haciendo a Jesús, cuando el mecánico está arreglando un carro, le está arreglando el carro de Jesús, cuando estás visitando a un paciente, a un enfermo, estás visitando a Cristo, cuando estás ayudando a alguien que no tiene trabajo, le estás ayudando a Cristo.
Es Cristo el que se nos presenta, es Cristo el que tiene necesidad de comer, de la comida material, de la comida espiritual, que está sediento, Cristo está sediento, sed de agua, pero también sed de amor, sed de esa fuente viva que sale de vuestras entrañas, nos decía el Señor y tenemos que darle al prójimo el amor de Jesús, darle de comer, darle de beber, darle la comida material, ayudarle a que tenga la bebida espiritual.
Cada vecino es Cristo y tenemos que amar a Dios, amando al prójimo, porque es muy mentiroso, nos dice San Juan, aquel que dice que ama a Dios, al que no ve, pero no ama al vecino, a quien hay que ver. Tenemos que amar al vecino, bienaventurados los misericordiosos porque ellos tendrán misericordia, si tu das, Dios te dará; si tu das amor, Dios te dará amor, si tu das de tu dinero al vecino, Dios te mandará el ciento por uno en esta vida, después la vida eterna, pero en esta vida el ciento por uno de lo que demos, esa es la ley de Dios, tenemos que sembrar para poder recoger, la semilla se tiene que morir para que pueda salir el árbol, tenemos que dar al hermano, y si damos tendremos, si damos amor, tendremos más amor, si damos la sonrisa, tendremos más sonrisa, no hay forma de tener una sonrisa hasta que no la demos, esa es la ley de Dios, tenemos que dar..., dar, dar, amemos a nuestros hermanos, porque nuestro hermano, nuestro vecino es Cristo, ese que está a tu lado en tu trabajo, en tu hogar, en todas partes.

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