
Padre de bondad tu que siempre nos perdonas y bendices, absuélvenos hoy de nuestras deficiencias y pecados...
Hoy acudimos a Ti con un corazón contrito y humillado a pedirte perdón...
Sí padre.... perdón porque nuestra oración es tan superficial que no ha podido llegar al corazón de nuestros evangelizados...
Aún nos cuesta mucho el amor de hermanos, el perdón, la escucha, el diálogo fraterno y comprensivo...
Nos cuesta callar para que otros hablen...
Nos cuesta llegar a otros con un lenguaje cercano y con signos legibles y métodos apropiados...
Perdón también porque nuestros planes no han sido elaborados con miras futuristas y participativas, de donde aun nos hemos quedado en la sacramentalización de las gentes y descuidamos los métodos de experiencia personal con tu Hijo Jesucristo y esto ha llevado a frecuentes crisis intra familiares, las cuales no hemos podido superar.
Todo por nuestro egoísmo al planear actividades descontextualizadas, o por falta del Espíritu de discernimiento.
Oh Señor perdona la falta de creatividad, esfuerzo y amor en el proceso evangelizador, porque a veces actuamos como si no dependiera de nosotros, el fruto de la evangelización, sembrando sin entusiasmo y sudor.
Si somos sinceras Señor, reconocemos que la mayoría de los destinatarios no se sienten parte activa del pueblo de Dios por nuestro opaco testimonio, que terminó por no impactar a quienes nos ven.
Si, por eso te pedimos perdón.
A veces no concertamos y estabilizamos algunos métodos, lo que lleva a desglobulizar el mensaje, haciéndose cada vez más extraño a las gentes y menos vivencia.
Perdón Señor, porque hemos descuidado desde nuestras comunidades locales, la promoción vocacional, de donde no es por tu culpa la escasez de servidores para la misión y el olvido de tu plan.
Perdón porque hemos despreciado incluso las oportunidades de ofrecerte nuestros dolores.
Queremos estar siempre sanos y nos duele el peso de los años y la realidad de las enfermedades que debieran ser los mejores momentos de evangelización.
Que tu dolor proyectado a nuestros miembros, siga lavando la humanidad caída.
Padre, perdón porque aún nos da miedo trabajar con los grupos subversivos o desplazados.
Perdón también por nuestras estructuras pasadas de moda, que a veces pisotean la cantidad y al ser humano, objeto de nuestra misión, viviendo acomodados en nuestro subdesarrollo acomodado.
Perdón también porque no hemos terminado de optar por ti y por el evangelio. Amén.
 
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