Tu moriste por mí oh Dios, en esa cruz, encarnecido, te llevaste mis dolores, tristezas, soledad y mis quebrantos. Ahora soy tuya y Tu eres mio, somos uno solo por la eternidad.
Tu vienes y secas mis lágrimas me acaricias y sanas las heridas y en las noches oscuras del alma, pones tu manto en mis hombros, abrigando mis emociones, lloras y ries conmigo, y me corriges con amor santo.
Tu paciencia es infinita Dios amado, que no alcanzan las palabras para expresar lo que nos entregas, así, tan libre, tan completo, que mi orgullo se derrite, mi altivéz desaparece, mi soberbia se humilla, ante Tu gran amor.
Dios mio....te amo tanto, que sólo deseo agradarte, pero muchas veces esta carne, orgullosa y altiva, se levanta contra tus preceptos y me encuentro llorando arrepentida ante sus plantas.
Déjame sentir Tu Presencia, límpiame cada día más de mi maldad, ya que ningún ser humano podrá justificarse ante Tu Presencia.
¡Qué es el hombre para que te acuerdes de él!
Saca todo lo que empaña tu gloria en mi corazón, limpia con fuego, purifícame con tu Santo Espíritu, ayúdame a obedecer a Tus enseñanzas, y a amarte con todo mi ser, amar a mi prójimo, amar tus caminos, santificar mis pasos, perdonar a los que me ofenden, y que no sea yo piedra de tropiezo para los que buscan Tu Presencia en sus vidas.
Gracias Señor por morir por mi en la cruz, Gracias Señor por Tu sacrificio, Gracias Señor por tu resurrección, gracias Señor porque intercedes por Mi ante el Padre. Te amo Dios amado...te amo.

Señor, ante tus plantas dirijo mi oración,
la sangre del Cordero me alcance tu perdón.
Por Cristo Redentor, concédenos, Señor,
participar los frutos de nuestra Redención.
2. Señor, tu luz envía y envía tu Verdad;
y enciende en nuestras almas la santa claridad.
Confiados en tu amor, une, oh, Señor,
la pobre ofrenda nuestra a la del Redentor.
|